Sombra

Y una mariposa de bellos colores, con unas enormes alas que envolvían todo el lugar,se posó entre mis manos, buscando un poco de tranquilidad. Las paredes, antes en blanco y negro, lentamente fueron colmándose de matices suaves, tonos que se asemejaban a la alegría y, para mi deleite, no dejaban de manchar con un poco de caos. El pequeño ser se asomó entre mis dedos,y me miró fijamente, intentando leer mis pensamientos, mis triunfos y fracasos. De pronto el big bang, y la mariposa volaba frente a mi, inúndandome de luz, de esperanzas, cosas nuevas. La tomé nuevamente y quise atarla a mi para siempre, ligarla a mi cuerpo mediante un fino hilo alrededor de su cuello. El insecto, infeliz, comenzó a apagarse con el paso de los días. Sus bellos colores fluían de sí, y yo intentaba apoderarme de ellos, de beberlos y sentir el sabor de la libertad. No quería dejarla, no quería que me abandonase, aquellas melodías que emanaba cada vez que movía sus alas, cada vez que luchaba por marcharse, eran un orgasmo absoluto. Mi cuerpo temblaba, se estremecía con cada batir de la mariposa, con sus vanos intentos, con su inútil sacrificio.

"Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas
Se me caen los dedos muertos uno a uno
¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el atardecer
La voz que me dolía como sangre?"

Cayó el sol durante varias semanas y mi pequeño rehén seguía tratando de huir, aunque sus fuerzas se habían agotado totalmente. Pensé y lloré mirando sus cortas extremidades abatidas, lo que me hizo concluir que el próximo día la dejaría volar. Cuando desperté, asustado por un extraño ruido, miré inmediatamente el hilo que nos unía. No se movía. Me acerqué bruscamente al extremo de él y sólo encontré un cuerpo frío, unas diminutas alas cortadas. Por buscar una salida, la brillante mariposa se enredó con su atadura, y no alcanzó a darse cuenta que el aire se había acabado. La desaté con cuidado y la puse con delicadeza sobre el velador. Poco a poco, las alas recobraban los coloresy resplandecían como cuando se posó entre mis manos. Así, entendí el sentido de todo, corté mis ataduras y volé, feliz, junto a la pequeña mariposa.

 
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